Luces y sombras en Cupertino: la inminencia de iOS 26.5.1 y la paradoja del iPhone Air

Apple está a punto de soltar iOS 26.5.1 en nuestros teléfonos. La gente de MacRumors ya lo ha cazado asomando la cabeza en sus registros de visitas, un chivato que históricamente rara vez falla cuando toca anticipar lanzamientos en el ecosistema. La noticia nos llega apenas un par de semanas después de que nos colaran iOS 26.5, una actualización bastante jugosa que trajo bajo el brazo el esperado soporte para RCS y un buen lavado de cara a nivel de seguridad. Con tan poco margen de tiempo, este movimiento rápido huele a parche urgente.

Cuando en Cupertino pisan el acelerador con actualizaciones menores tan seguidas, suele ser para tapar algún agujero peliagudo. Para que os hagáis una idea, el parche 26.4.2 fulminó un fallo bastante serio que permitía a las autoridades leer notificaciones borradas en apps cifradas como Signal. Podríamos estar ante una de esas mejoras de seguridad en segundo plano, esos parches independientes que se instalan casi sin que te des cuenta. Apple todavía no le ha pillado el truco del todo a este sistema —solo han lanzado uno así hasta la fecha—, pero la 26.5.1 tiene todas las papeletas de ir por ese camino.

Por otro lado, la barra libre para decidir si quedarte en iOS 18 ya se acabó con la versión 26.5; si vemos algo de iOS 18 ahora, será exclusivamente para aquellos terminales más antiguos que ya no dan más de sí para instalar iOS 26. Y aunque en mi caso el sistema actual va fino, por los foros de Reddit ya hay usuarios quejándose de pequeños tirones en la pantalla que están pidiendo a gritos una corrección rápida esta misma semana o la que viene. Todo este trabajo de fontanería no es más que la preparación del terreno de cara a iOS 26.6, que caerá en junio como uno de los últimos coletazos antes de que la maquinaria nos ponga los dientes largos con iOS 27 en la WWDC de otoño.

El sueño de cristal de Apple

Pero mientras el lado del software sigue su ritmo implacable y predecible, la división de hardware se enfrenta a un escenario que nadie vio venir. Hablemos del iPhone Air, el teléfono de los sueños de Apple que, inexplicablemente, nadie está comprando.

Cuando lo presentaron el pasado septiembre, acaparó absolutamente todos los focos. Era el iPhone más fino jamás fabricado, una declaración de intenciones espectacular que nos dejaba asomarnos al futuro de la telefonía. El 19 de septiembre, día que llegó a las estanterías, no se hablaba de otra cosa. Sin embargo, los meses han dictado sentencia y la cruda realidad es que el público general le ha dado la espalda frente al resto del catálogo. Es una situación marciana: los pocos que lo llevan en el bolsillo hablan maravillas de él, su chasis está considerado de lo mejorcito que ha parido la marca en años y, sorprendentemente, es de los pocos modelos actuales donde te puedes encontrar una rebaja en condiciones sin letra pequeña.

¿Qué ha fallado entonces? Desde luego, no es una cuestión de que el móvil se quede corto. Mi teléfono principal en el día a día es un mastodonte, el iPhone 17 Pro Max, pero he tenido la excusa perfecta para trastear con el iPhone Air en un par de ocasiones recientes, la última en un evento de Apple. La sensación en la mano te vuela la cabeza. Estamos hablando de un dispositivo con un grosor ridículo de apenas 5,64 milímetros y un peso pluma de 165 gramos. Las cifras asustan cuando vuelves a agarrar el 17 Pro Max, con sus 3 milímetros extra de grosor y esos contundentes 233 gramos que te tiran del bolsillo. Es imposible no notar el abismo físico que los separa, lo que hace aún más fascinante —y desconcertante— que esta inmensa proeza técnica se haya quedado flotando en una especie de limbo comercial.