El ecosistema de Apple continúa evolucionando con la mirada puesta tanto en la seguridad de las comunicaciones como en la gestión personalizada del dispositivo. Las últimas informaciones extraídas de la beta de iOS 26.3 apuntan a un salto cualitativo en la interacción entre iPhone y Android, sugiriendo la llegada inminente de un sistema de mensajería mucho más robusto. Sin embargo, la privacidad no solo depende de los protocolos de red, sino también de cómo gestionamos lo que guardamos en nuestro propio terminal.
El salto al Perfil Universal 3.0
Según los datos revelados recientemente, para que Apple pueda ofrecer cifrado de extremo a extremo (E2EE) en el protocolo RCS, iOS 26.3 —o versiones posteriores— deberá adoptar el Perfil Universal RCS 3.0. Este estándar representa una modernización significativa respecto a la versión 2.4 introducida con iOS 18, equiparando la experiencia de usuario a la que ya disfrutan los usuarios de iMessage desde hace años.
La implementación de este perfil traerá consigo mejoras sustanciales que van más allá del simple envío de texto. Se espera la integración de respuestas en hilo, la posibilidad de editar mensajes ya enviados e incluso deshacer el envío. Asimismo, se prevé un soporte completo para las reacciones (Tapback) sin necesidad de soluciones alternativas. Pero el punto crítico es la seguridad: el cifrado de extremo a extremo evitaría que tanto Apple como terceros puedan leer el contenido de los mensajes o los adjuntos mientras transitan entre dispositivos, una característica que las burbujas azules de iMessage incorporan por defecto desde iOS 5.
Aunque Apple ya manifestó el año pasado su intención de añadir soporte E2EE para mensajes RCS en futuras actualizaciones de sus sistemas operativos, no se ofreció un marco temporal concreto. Ahora, parece que los cimientos se están asentando en la beta de iOS 26.3. No obstante, el despliegue final dependerá también de la colaboración con las operadoras telefónicas y, posiblemente, del trabajo conjunto con Google para garantizar una experiencia coherente entre plataformas, algo que podríamos empezar a ver antes de la llegada de iOS 27.
Gestión de la privacidad en el dispositivo
Mientras la tecnología avanza para proteger nuestras conversaciones en la red, muchos usuarios buscan formas más inmediatas de salvaguardar su privacidad en el entorno físico, concretamente ocultando ciertas aplicaciones de miradas indiscretas. A menudo surge la necesidad de mantener una app instalada pero fuera del alcance de curiosos, y simplemente mover el icono a otra página de la interfaz no suele ser suficiente garantía.
Para aquellos que buscan un nivel superior de discreción sin borrar la aplicación, existe un método eficaz que aprovecha la herramienta nativa “Atajos”. La técnica no consiste en esconder la aplicación en una carpeta profunda, sino en camuflarla mediante la superposición, cambiando tanto su nombre como su icono por los de otra herramienta de aspecto inocuo.
Cómo configurar el camuflaje de aplicaciones
El proceso requiere unos minutos de configuración pero ofrece un resultado muy convincente. Para empezar, es necesario acceder a la aplicación “Atajos”, que se puede localizar fácilmente deslizando el dedo hacia la derecha en la pantalla principal y usando el buscador. Una vez dentro, se debe pulsar el símbolo “+” situado en el ángulo superior derecho para crear un nuevo atajo.
Dentro de la interfaz de creación, hay que seleccionar “Añadir acción”. En la barra de búsqueda que aparece, se escribe “Abrir app” y se selecciona la acción correspondiente (identificada con un símbolo de colores). Al pulsar en “Seleccionar”, el sistema desplegará la lista de aplicaciones instaladas; es aquí donde debemos elegir la app que deseamos ocultar, como podría ser el caso de Twitter o cualquier otra red social.
El paso final es el que asegura el disimulo. Tras seleccionar la aplicación real, se debe acceder a los detalles del atajo pulsando los tres puntos en la esquina superior. En este menú es posible renombrar el atajo con el nombre de una aplicación “aburrida” o de utilidad común, por ejemplo, Google Maps o Calculadora. Acto seguido, al pulsar en “Añadir a pantalla de inicio”, el sistema permite reemplazar el icono predeterminado por una imagen que tengamos guardada en el carrete. Si seleccionamos el icono real de Google Maps y le asignamos ese nombre, el acceso directo en nuestra pantalla será indistinguible de la aplicación de mapas, pero al pulsarlo abrirá la aplicación que realmente queríamos mantener en privado.


