La espera está a punto de concluir. Este martes 9 de septiembre, a las 19:00 hora peninsular española, Apple celebrará su tradicional keynote, bautizada en esta ocasión como «Awe Dropping». Todo apunta a que la compañía de la manzana volverá a agitar el mercado de la telefonía móvil con una renovación de su catálogo que promete, si bien no una revolución técnica total, sí un cambio estético significativo y una reestructuración polémica de su gama de entrada.
El modelo Air como gran protagonista
Si las filtraciones no fallan, la estrella de la tarde no será el modelo más potente, sino el más estilizado. El nuevo iPhone 17 Air llega para jubilar al modelo Plus y convertirse en el terminal más delgado jamás fabricado por la empresa de Cupertino, con un grosor de apenas 5,5 milímetros. Este «adelgazamiento» extremo plantea interrogantes sobre la autonomía, aunque se especula con el uso de baterías de silicio-carbono para mantener el tipo sin sacrificar espacio. Este dispositivo, que montaría una pantalla de 6,6 pulgadas, parece destinado a quienes priorizan la estética y la manejabilidad sobre la potencia bruta, debutando, según los analistas, sin ranura para SIM física y con una única cámara trasera de 48 MP.
Por su parte, los modelos Pro y Pro Max seguirán siendo las bestias de carga. Mantendrán sus tamaños de pantalla (6,3 y 6,9 pulgadas respectivamente) pero crecerán en prestaciones. Se espera un rediseño en los módulos de cámara, ahora más alargados y fabricados en aluminio, que albergarán sensores de 48 MP tanto en el gran angular como en el teleobjetivo. Además, el frontal también dará un salto de calidad alcanzando los 24 MP.
Potencia bruta y la esperada unificación de pantallas
En las entrañas de estos dispositivos latirán los nuevos chips A19 y A19 Pro. Aunque la variante Pro se reservará lógicamente para los topes de gama, la potencia está asegurada en toda la familia para mover aplicaciones pesadas y videojuegos exigentes. Una de las novedades más celebradas, especialmente por los gamers, es que por fin la tasa de refresco de 120 Hz dejará de ser exclusiva de los modelos caros para llegar a toda la línea, incluido el modelo base.
Asimismo, se habla de un salto en la memoria RAM: los modelos superiores (Air y los Pro) podrían escalar hasta los 12 GB, dejando al básico en 8 GB. Esto garantizaría una mayor fluidez en la multitarea y, sobre todo, una mayor longevidad del dispositivo de cara a futuras actualizaciones de software.
Precios y disponibilidad
Como viene siendo habitual, tocará rascarse el bolsillo. Se prevé una ligera subida generalizada, situando al iPhone 17 básico en el umbral de los 1.000 euros en España. El novedoso Air oscilaría entre los 1.200 y 1.300 euros, mientras que los modelos Pro arrancarán en unos 1.400 euros, pudiendo superar holgadamente la barrera de los 2.000 en las configuraciones de mayor almacenamiento. La preventa se activará la misma noche de la presentación y los terminales deberían aterrizar en las tiendas la semana del 22 de septiembre. Junto a ellos, veremos casi con total seguridad el Apple Watch Series 11, nuevas versiones del SE y el Ultra, así como unos AirPods Pro 3 centrados en la salud con monitorización cardíaca.
El error estratégico de olvidar el “bajo coste”
Sin embargo, entre tanta novedad de alta gama, surge una crítica feroz hacia la estrategia de la compañía con sus modelos de acceso. Mientras nos deslumbran con el Air, Apple parece decidida a cometer un error de bulto: eliminar la filosofía del iPhone SE para sustituirla por un hipotético iPhone 17e (sucesor del 16e). Si uno pudiera ponerse en la piel de Tim Cook por un día, la primera medida sensata sería cancelar esta serie “e” y resucitar el concepto original del SE.
El problema radica en que se está reemplazando un dispositivo de presupuesto ajustado, aunque algo anticuado, por un terminal nuevo con un precio un 50% superior. El iPhone 16e, y su sucesor el 17e, pueden ser buenos teléfonos sobre el papel, pero traicionan la razón de ser de la gama económica. Tradicionalmente, un móvil de “presupuesto” ronda los 500 dólares (o euros). Al romper esa barrera, Apple ofrece un trato injusto al consumidor, algo que no toleraríamos a marcas como Samsung o Google en sus gamas medias.
Existe una legión de usuarios que se aferraba al iPhone SE no solo por el precio —que en su tercera generación rondaba los 430 dólares, una cifra lógica—, sino por un factor de diseño y sencillez que los nuevos modelos ignoran. Hay millones de personas a las que no les importa tener el procesador más rápido ni la pantalla más grande; valoran la compacidad y la accesibilidad. Al forzar la entrada a su ecosistema a través de dispositivos “e” mucho más caros, Apple podría estar dejando huérfanos a esos compradores que buscan la experiencia de la manzana sin tener que hipotecarse, perdiendo de vista lo que hizo popular al modelo SE en primer lugar.




